La fiesta del Torico no ha resistido los embites del tiempo solamente por su belleza y valor estético; ni por su gran interés turístico y por lo tanto económico, al congregar a personas de todos los lugares de la península y del extranjero; ni por su indudable valor antropológico y etnológico; ni siquiera por ser nuestro particular y arraigado rito de paso, de transición biográfica. El ritual existe en la actualidad porque es un acontecimiento cultural de primer orden que se ha convertido en nuestra principal riqueza patrimonial.

Como vamos repasando en los diferentes artículos y como queda reflejado de forma patente, en el Centro de Interpretación del Torico (CIT), la fiesta supera ampliamente la componente religiosa o lúdica, influyendo, por ejemplo, en la creación musical, plástica o gastronómica. Así, la vemos reflejada en la pintura, en el léxico, en la literatura, en la fotografía o la escultura, aunque el arte que mayor presencia tenga en estos festejos será la música, como también hemos ido viendo (pasacalles, procesiones, bailes, “Rondas”, “Dianas”, “Torres” o “Torrás”). Así mismo, diferentes compositores, han dedicado alguna de sus piezas a este significativo ritual (Domingo Vela, Luis Serrano o Manuel Morales, entre otros).

Es, sin duda, parte indisoluble de la cultura popular de nuestra región. Está presente, también, en el cancionero, como lo está, por ejemplo, en los juegos de los niños o en el lenguaje, los dichos y las expresiones de los mayores; esos que transmiten su sabiduría para conducir dignamente el astado, como se transmiten los garrotes tatuados de clavario y los abanicos de clavaria; como se trasmiten las “borlas”, elementos también artesanales que son como insignias, como alegóricos emblemas, como entrañables amuletos. Porque el Torico es un factor determinante en la conformación de nuestra mentalidad, de nuestro carácter; es nuestro principal símbolo identitario.

A nivel sociológico, también es crucial, pues durante las carreras la gente colabora, ayuda y respeta; se dan episodios verdaderamente fraternos y solidarios. El mejor ejemplo, sería el mismo hecho de abrir sus casas de par en par, durante los tres días, para que sirvan como espacio de refugio y acogida. Estas fiestas son un gran lugar de encuentro, que comienzan, tradicionalmente y como no podía ser de otra manera, dando la bienvenida a los “forasteros”, en el primero de los versos de las “Albás”. Una gran fiesta de tolerancia e integración, como se ve, también, durante los típicos almuerzos, donde la gente comunica, transmite alegría y comparte. La fiesta hermana y relega conflictos y problemas, crea estima y autoestima, crea identidad y empatiza.

En próximos capítulos seguiremos intercalando alguno de esos ejemplos, alguna de esas partituras, de esas palabras o textos, de esas obras plásticas, etc., que hacen de nuestro Torico un referente cultural. Ahora, vamos a aprovechar para destacar una fotografía que, precisamente, nos ha enviado esta semana Miguel Carrión Navarro y que creemos transmite la esencia de nuestro entrañable festejo.

JCM.

Centro de Interpretación del Torico

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