El ancestral rito del Torico de Chiva es, sin duda, uno de los principales pilares de nuestra cultura, influyendo, en diferentes campos, como, por ejemplo, en los juegos, en el léxico, o en la creación plástica y gastronómica; siendo la música, el arte que mayor presencia adquiere en estos festejos. Además se convierte en parte consustancial de éstos, tanto en su vertiente sinfónica (pasacalles, bailes, etc), como en la más tradicional (rondas, dianas, danzas, mojigangas, etc.). Ambas están representadas en el Centro de Interpretación del Torico (CIT), a través de fotografías, textos, partituras, audios, instrumentos antiguos u objetos singulares de gran valor etnográfico y que iremos repasando en esta sección.

Así pues, vamos a dedicar varios capítulos a comentar diferentes actos en los que la música es un elemento imprescindible, comenzando por aquellos en los que los protagonistas son la dulzaina y el tamboril; instrumentos ligados a la más antigua tradición popular valenciana. En concreto comenzaremos por las popularísimas albás, que han sido y son una especie de armónico pistoletazo de salida de nuestros festejos.

Las albadas o albades son unos cantos de ronda muy extendidos por toda la península, desde la Edad Media, que se entonaban tradicionalmente por la noche o antes del amanecer, de ahí su nombre, también sustituido a veces por el de alborada. Así, por ejemplo, en Aragón, estas composiciones se cantaban en la madrugada, a semejanza de los antiguos juglares, camino de las faenas agrícolas, ya que, tradicionalmente, el canto ha sido un acompañamiento indispensable, además de las jornadas festivas, también de los trabajos duros.

Existen, pues, por toda nuestra geografía albadas de carácter religioso, festivo, navideño o amatorio, siendo muy habituales las que se cantaban en festejos de bodas o para homenajear a las muchachas que iniciaban relaciones amorosas. Por ejemplo, en muchos lugares, mientras sonaban estas composiciones poético-musicales, los mozos enramaban las ventanas de las jóvenes (por cierto, algo parecido ocurre en nuestro pueblo, donde lo que se decora es el portal).

Incluso, en algunas localidades, como ocurre en Albaida, se realizaban albaes con motivo de la muerte de los niños recién nacidos. Estos cantos populares eran acompañados por danzas, para honrar su memoria, y se desarrollaban por la noche, tras el velatorio, cuando, supuestamente, el alma se dirigía al cielo. Por eso parece que a los fallecidos se le daba el nombre de albadets, ya que, desgraciadamente, no habían vivido ni una albada. Deduzco que ese podría ser igualmente el origen de nuestra palabra albetico (aunque también podría derivar de la palabra: Alba, por el color purificador con que se visten); lo que patentizaría, hasta qué punto y de qué manera, esta entrañable música está presente en el imaginario colectivo, en nuestra vida.

Por otra parte, como ocurre aquí, también se han compuesto este tipo de canciones que poseen connotaciones típicamente trovadorescas y forma de romance, con la finalidad de halagar o criticar a determinados vecinos; o para referirse a los acontecimientos más relevantes ocurridos recientemente en el pueblo, funcionando como un relevante documento histórico.

En el folklore valenciano es muy tradicional la entrañable Cantá d’albaes; y de toda nuestra geografía es, precisamente, Chiva, uno de los lugares donde tienen mayor popularidad y arraigo, adquiriendo una especial singularidad, un carácter y desarrollo diferencial. Por una parte, son célebres por su gracia y por la complejidad de metro y rima de sus poemas, poco usual en este tipo de estrofas populares. Ésto gracias, en gran parte, a la gran tradición de buenos e ingeniosos versadores que atesoramos, como por ejemplo el tío Senén y su primo Rafael La Calle, a los que la Asociación Cultural “Átame” dedicó, hace algunos años, sendos monográficos.

Además, siempre han destacado por la gran categoría de los cantadores y de los dulzaineros que intervienen. Aquí, en concreto, es nuestro paisano Marcial “Pierres”, quién, desde 1978, se encarga de amenizar este ritual, acompañado por su hijo Cristian como tamborilero; también de marcar el ritmo de la fiesta los días sucesivos, flanqueado, en ocasiones, por otros gaiteros locales de gran categoría.

Por otra parte, hay que reseñar que nuestras albás se desarrollan a media noche para poner punto final al día de la Virgen de la Asunción (15 de agosto) y abrir el de San Roque (16), a los que están dedicados los festejos. El recorrido que comienza siempre en la iglesia (donde se dedican coplas a los personajes sagrados homenajeados), sigue por las casas de autoridades, festeros u otras personas a las que se ha de halagar o criticar. Allí se irá obsequiando a la nutrida comitiva festiva con diferentes viandas; y decimos nutrida, porque, acompañando al carro que traslada a los músicos, los dos cantadores y el versador (que les va apuntando los versos que conforman la copla), suelen ir otro par de tractores que transportan a los clavarios y algunos miembros de la Peña.

Además, mientras se desarrolla este acto, era costumbre, hasta hace unos años, darse golpetazos en la espalda, algo que hoy en día casi se ha perdido. Esta práctica, pese a lo que pueda parecer, era una especie de saludo jovial y emocionante; una expresión amistosa y efusiva de bienvenida a unos festejos igualitarios y solidarios que suponen un gran reencuentro.

JCM

Centro de Interpretación del Torico (CIT)

Fotografía de Miguel Carrión.

Fotografía de Miguel Carrión.

Fotografía de Miguel Carrión.

Fotografía de Miguel Carrión.

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