Hoy os acercamos un poco más a los «cosilibreus» que se encuentran entre las piezas de la muestra sobre nuestra tradición alfarera que está en Toriles

Continúa la muestra sobre nuestra tradición alfarera en la sala de exposiciones temporales de “Los Toriles” y esta semana queremos resaltar sus piezas más “modestas”. Estamos hablando de aquellas que fueron dañadas y restauradas (“adobadas”) después, con lañas.

Por una parte, a través de ellas, podemos apreciar el trabajo de otra artesanía asociada a la cerámica: la del lañador. Este artesano, generalmente ambulante, se dedicaba a reparar pucheros y otros utensilios de loza o porcelana por medio de lañas o grapas, para que pudieran seguir siendo útiles.

Estas“gafas”, de hierro o cobre, en Chiva también se conocerán por la palabra “cosilibreus”, como nos recordó la familia Galdón, en la propia sala. Una palabra muy en la línea de nuestra particular y riquísima habla de “frontera” que, sin duda, tiene su origen en el idioma valenciano: Cosir (coser) + Librell (lebrillo). Estos “cosilibreus” o “coselebrillos” también nos recuerdan otra locución muy “chivana”: “curcusit”, que tendría una acepción similar: “remiendo burdo”.

Como vemos en algunas piezas de la muestra, estos ganchos de metal tenían distintos calibres según fuese la pieza a restaurar. Pero además, hay que destacar, como otra curiosidad, que tras taladrar la pieza dañada para incrustar el metal, los orificios se rellenaban con una masilla que evitaba las pérdidas de líquido y que podía ser de diferente composición según la fórmula de cada artesano o lugar.

Según nos dice Quique Cabra, su padre mezclaba sangre de cerdo y cal viva; aunque también se podía utilizar, por ejemplo, sangre de toro con clara de huevo. Igualmente se podía usar harina, cera de abejas, cáscara de huevo machacadacon grasa de oveja o cabra, aceite de linaza con cebo, grafito, minio, albayalde, yeso, resinas y gomas diversas, suero de leche o queso. En tiempos más recientes se utilizó también azufre derretido o masilla de vidriero e incluso se usó el cerumen de burro. Así mismo, en ocasiones, se usó yeso o cemento para “macear” grandes tinajas, ocultando las propias lañas.

Esta exposición no deja, pues, de sorprendernos y recordarnos o enseñarnos, cada día más cosas, sobre una actividad que fue una de nuestras principales señas de identidad.

JCM.
Centro Interpretación del Torico

 

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