En algunas regiones españolas como la Comunidad Valenciana, aún se mantiene la costumbre de regalar a las novias un abanico de calidad realizado con marfil o hueso. “De todo el atractivo de la mujer galante y de la mejor ataviada, no hay adorno del que pueda sacar tanto partido como de su abanico” escribía una amiga de Mme. Staal-Delaunay en el siglo XVIII. Y es que, tradicionalmente, muchas mujeres se valieron del abanico (y su lenguaje codificado) para hacer señales a sus pretendientes en épocas en que el disimulo era un ingrediente importante del galanteo de las parejas.

Así pues, no es de extrañar que, en una fiesta de cortejo como el Torico, este complemento sea uno no de los más atractivos, simbólicos y útiles de la indumentaria de las clavarias de la Virgen de la Asunción. Precisamente, en el Centro de Interpretación del Torico (CIT), se pueden ver algunas de estas seductoras piezas artísticas, pudiendo observar su evolución a lo largo de los años.

El abanico más antiguo que se exhibe, es de mediados del siglo XIX y perteneció a Emilia Vidal Ortiz. En el anverso de este elegante instrumento, se aprecia una escena costumbrista e idílica, en la que se representan unos niños jugando con su madre, que nos recuerda a los abanicos europeos, con motivos galantes, del XVIII (edad de Oro de éstos). Sin embargo, tenemos otro, de comienzos de los cincuenta, menos refinado, donde ya se aprecia un interés por relacionar la temática de la pintura con nuestros festejos. Nos referimos al abanico de María Tarín Fenech, en el que a una escena folclórica y tópica de un torero y una “Manola”, se añade el lema de: “Recuerdo de los Clavarios de San Roque, 1951”.

Un poco más adelante, ya encontramos más personalizadas estas piezas y decoradas exprofeso para el Torico, como vemos en el abanico de Ana Latorre, pintado a mano por Manuel Mora Yuste, en 1960. En este ya aparecen materializados elementos que aluden directamente a nuestro pueblo y a nuestro festejo (fuente, badana, cuerda, etc.); también las iniciales de la clavaria. Igual ocurre con otra pieza que se exhibe en el mismo espacio, aunque en otra urna: el abanico de Teresa Delgado (1964), decorado por el mismo artista local. Esa es la línea que se seguirá hasta la actualidad, encargándose la ornamentación de los abanicos a nuestros pintores; e incluso, en 2019, la Asociación Peña Taurina El Torico incluirá uno diseñado por Manolo Sánchez Peris (creador de la imagen del CIT), entre sus productos de merchandising.

En este punto, lamentamos el hecho de que en el siglo XIX, recién creada la Real Fábrica de Abanicos de Valencia (ostentará desde 1797 el escudo real) y en plena efervescencia en el uso de este elemento, todavía no se dieran esas iniciativas “modernas” de particularizarlos para algún evento en concreto. De ser así, seguro que hubiéramos podido aprovechar el virtuosismo de un paisano que destacó como pintor de abanicos: Salvador Sanchís Herráez.

Este artista, nacido en Chiva, en 1844, y formado en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, desarrollará su actividad en el siglo XIX, cuando, como hemos insinuado, se consolida la industria abaniquera valenciana, que estará presente en los mercados nacionales e internacionales. Esto tiene que ver con la expansión del uso del abanico relacionado con la indumentaria castiza o popular al tiempo que resulta imprescindible para la clase más refinada, tanto para mujeres como para hombres.

Será pues este sector el que ofrezca buenas oportunidades de trabajo, de ahí que nuestro artista encontrara en él un medio idóneo para desarrollar su vocación. Así, podemos ver alguna de sus obras en el Museo Nacional de Artes Decorativas (MNAD), uno de los museos más antiguos y exquisitos del llamadoTriangulo del Arte de Madrid.

El abanico ha sido históricamente un utensilio indispensable para los días más calurosos; también para nuestras clavarias, que debían de concurrir vestidas con sus mejores galas a diferentes actos (pasacalles, procesiones, etc.) dentro de nuestros festejos veraniegos. En ese sentido, igualmente, ha sido una pieza ornamental, como en todos los lugares del mundo, como complemento de vestir; incluso, como obra de arte. Pero, además, como esos primeros aventadores egipcios del 3000 a.c., nuestros abanicos, tienen un gran valor simbólico, como participes de una misión ceremonial o litúrgica; como refrescante medio de comunicación. Son un trascendental legado.

 

JCM

Centro de Interpretación del Torico (CIT)

 

Abanico de Emilia Vidal Ortiz. Mediados s. XIX.

Abanico de Emilia Vidal Ortiz. Mediados s. XIX.

 

Abanico de María Tarín Fenech

Abanico de María Tarín Fenech. 1951.

 

Abanico de Ana Latorre

Abanico de Ana Latorre. 1960.

 

Abanico de Teresa Delgado. 1964

Abanico de Teresa Delgado. 1964.

 

Abanico Sanchís Herráez. 1900.

Abanico Sanchís Herráez. 1900.

 

 

 

 

 

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