El pasado mes de agosto, en el marco de la Semana Cultural, tematizada en torno a la música festiva, presentamos el monográfico: El ritmo del Torico, el tercero de la colección Elementos del ritual, editada por el Centro de Interpretación del Torico (CIT), en colaboración con el Centro de Estudios Chivanos (CECH).

En este ejemplar podíamos ver diferentes imágenes y artículos destinados a reseñar la gran importancia de la música en nuestro festejo más popular y entrañable; también en otros festejos taurinos hermanos o en otras festividades locales. Incluso, en artículos como: El que canta su mal espanta, hacíamos hincapié en la relevancia de este arte no solo en cualquier tipo de celebración, sino también en la vida diaria.

Reseñábamos como “cantar era algo habitual, sobre todo en las reuniones familiares, en los ratos de ocio y en las fiestas. Pero también se cantaba, sin rubor, en la obra o en el campo, para hacer más llevaderas las tareas diarias; incluso para marcar un ritmo que permitiera hacer, a la vez, trabajos que requirieran de coordinación. El canto también se usaba como terapia para olvidar los problemas, para divertirse, para dormir a los niños, para transmitir conocimiento, para orar, para agasajar a una persona o para conseguir enamorar a otra …”.

Por otra parte, también destacábamos algunas de las composiciones de música popular y sinfónica y alguno de los numerosos músicos que han compuesto piezas para nuestras fiestas.

Al mismo tiempo acompañabamos este texto con un cartel que, además de subrayar esta dimensión trascendente en nuestra existencia, nos recuerda las dificultades de los clavarios del toro para financiar el festejo y de la gran colaboración de los vecinos en esta tarea (cuestiones de las que hemos hablado en diferentes artículos).

Nos referimos al pasquín que anuncia una “Gran función mixta en beneficio de la Fiesta del Toro y de San Roque para el miércoles día 8 de agosto de 1934, con permiso de la Autoridad de esta localidad”, en el Teatro de Chiva, que entonces aún ocupaba la iglesia del antiguo y monumental convento franciscano de San Luis Obispo.

Como vemos en la octavilla, el programa se divide en tres partes. En la primera de ellas se anuncia un “Gran Concurso de Cante Flamenco” con la participación de los cantantes chivanos: Francisco Sanz (Chiquet de Liria), Juanito Sanz (Chiquet de Liria II), Rafael Alarcón (Continé), Francisco Muñoz (Blanquillo); además de Manuel Pavía (Carbonerito de Valencia). Acompañados “de los famosos tocadores de guitarra”: Bautista Pla (Gran Tocador), Antonio Calatayud “Cebolla” (El divo de la guitarra) y Manuel “El pintoret” (Gran profesor).

Se subraya, en una Segunda parte, la “PRESENTACIÓN, por primera vez en esta localidad del gran excéntrico humorista cómico-musical, RAFA, el cual ejecutará todo su extenso repertorio ante el respetable público”. Y en una Tercera parte, en el mismo tono jocoso, se destaca que “después de innumerables sacrificios, los clavarios de esta fiesta han podido conseguir que tome parte en esta gran función, la artística AGRUPACIÓN MURGUISTA CÓMICO MUSICAL TAURINA, LOS KARICATOS. Compuesta de 16 profesores solistas, los cuales ejecutarán un variado desconcierto bajo la dirección del joven profesor Don Juan Antonio Tarire “El torratero”, HIJO DE ESTA VILLA”.

Una murga que, curiosamente, lleva el nombre del famoso “Karikato”, seudónimo de Cesáreo del Villar Besada (1875-1941), un militar de carrera que llevó una vida paralela como caricaturista y fue uno de los grandes del humor gráfico del periodo de finales del siglo XIX y principios del XX, época que se puede considerar la edad de oro de este género.

Al final otra cáustica NOTA avisa: “dada la precipitación de la confección de este programa, se supone que todavía tomarán parte más artistas”… Además, se presupone una gran afluencia pues, además de la entrada de Butaca (a 0,50 pesetas), se oferta otra de Corredor y general, más económica (0,30 pesetas).

Así, pues, este cartel patentiza, como hemos insinuado, la gran afición a la música y, en concreto al cante, en esta época, que se transforma en una gran expresión comunitaria; también, el tono humorístico y familiar con el que se enfoca este acto en apoyo a nuestro festejo más solidario, igualitario, jovial y fraternal; este gran encuentro cargado de emoción, euforia y cordialidad, que siempre es una oda a la unión y la alegría.

JCM

Centro de Interpretación del Torico (CIT)

 

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